Un alfabeto para el Bocotá de Chiriquí:

¿inovación o continuidad?

Maurizio Gnerre*

1. Introducción.

2. Acercamiento a los datos a mi alcance: los grafemas de Don Francisco.

3. La innovación.

4. ¿Rasgos de continuidad?

5. Algunas reflexiones conclusivas.

6. Bibliografia

 

1. Introducción.                                                                                   inizio documento

Cuando, en 1995, visité a los Ngobe-Buglé del Oeste panameño, llegué a ellos equipado con algo de información (lo más que tenía a mi alcance) sobre su lengua y tradición. Solamente un año después de aquella rápida visita, durante la cual había podido recopilar unos datos sobre el buglere hablado en Veraguas y Bocas del Toro, llegó a mis manos una publicación de Enrique Margery Peña (1994), profesor de la Universidad Nacional de Costa Rica, donde, de paso, se mencionaba un "alfabeto práctico" elaborado por Don Francisco Rodríguez Atencio, un señor bocota (hablante de una variedad de buglere) de San Félix de Chiriquí, para "escribir su lengua". En la publicación el autor reproducía solamente una página, escrita por Don Francisco utilizando su 'alfabeto práctico'.

Me di cuenta enseguida del interés que merecía la elaboración intelectual de Don Francisco, debido no solamente a la rareza a nivel mundial, y en especial entre los pueblos indígenas de las Américas, de la elaboración de sistemas de escritura 'independientes', sino también a algunos interesantes antecedentes, tal vez más ideológicos que factuales, que acompañan la larga historia de los estudios sobre lenguas y culturas chibcha, familia etno-lingüística a la cual, como sabemos, pertenece el idioma buglere. Traté entonces de conseguir otras informaciones sobre este 'alfabeto práctico'.

Como esto me resultó imposible, y en los últimos años no tuve más la oportunidad de regresar a la región, tuve que concentrarme en las escasas informaciones que Margery Peña proporciona sobre aquel 'alfabeto práctico'. Escribe el autor: "A su conocimiento de `historias bugleres' y a sus extraordinarias dotes de narrador, don Francisco Rodríguez une otras preocupaciones culturales. Fue así como a partir de ciertas simbologías gráficas difundidas en chiriquí por el culto nativista guaymí denominado ‘Mama-chí' en el curso de los años Sesenta, Don Francisco, en unión de algunos familiares próximos, elaboró hace ya años para escribir su lengua, un alfabeto práctico que aunque nunca le interesó difundir, maneja hasta hoy con bastante soltura". (Margery Peña 1994: 14).

 

2. Acercamiento a los datos a mi alcance: los grafemas de Don Francisco.          inizio documento

Según Margery Peña nos informa, dieciséis de los veintiuno relatos incluidos en su publicación de 1994 habían sido ya previamente publicados por él (entre 1989 y 1993). Solamente cinco eran inéditos: entre estos se encuentra, el más breve entre todos, el relato Chubé y la tierra. En la página 163 se encuentra la reproducción de una hoja manuscrita por Don Francisco que contiene la mayor parte del texto de aquel relato. Se deduce, por tanto, que este relato fue recopilado en forma escrita, y no oral, probablemente a inicios de la década de 1990.

El texto es transcrito en buglere por Margery Peña, a través del 'alfabeto práctico' que él utiliza. En base a la comparación de estas dos transcripciones pude elaborar las anotaciones que siguen.

Identifiqué entonces los diecisiete grafemas siguientes, que presento a partir de los grafemas que Don Francisco consideró útiles para escribir su idioma, y no a partir del sistema fonémico del buglere, según lo presenta Margery Peña:

 

figura 1

En la página analizada no encontré ninguna representación del fonema /s/; no conocemos entonces el grafema que Don Francisco elaboró para representar este último fonema; en total los grafemas serían entonces 18. En el caso de los grafemas alistados arriba con valor vocálico, no son exactas las correspondencias fonémicas que les atribuí porque, si tenemos en cuenta el sistema fonémico individuado por Margery Peña, reconocemos dos tipos de neutralizaciones grafémicas operadas por Don Francisco. Uno se da en la representación de las calidades vocálicas medias, anteriores y posteriores que, según la descripción del autor, tienen dos puntos de articulación: 'alto' (ë y ö en el 'alfabeto práctico' de Margery Peña) y bajo (e y o); otro tipo se da en la neutralización del rasgo de nasalidad presente en la realización de cincos de las siete vocales (i, e, a. o, u) en oposición a las correspondientes nasales, estas últimas representadas por el autor. Margery Peña señala que "las dos vocales de abertura intermedia alta (ë y ö) presentan una bajísima frecuencia", además, estas dos vocales no participan del rasgo de la nasalidad. Otro tipo de neutralización se da en los grafemas de Don Francisco con relación a los puntos de articulación de las nasales ápico-dental y velar (n_ ). Las neutralizaciones individuadas nos indican que Don Francisco, para elaborar el sistema de sus grafemas, siguió el modelo grafémico del español en todos los casos posibles. Esto no se da, como es obvio, en el caso de /dZ /, fonema que no se encuentra en español. Cabe subrayar que este fonema es representado por Margery Peña con y.

Esta última observación nos lleva a los comentarios sobre las formas de los grafemas. Parece que solamente en algunos pocos casos Don Francisco haya elaborado formas totalmente originales; estos son los casos de los grafemas para /k/ y, tal vez, para /r/. En el caso de la representación de /dZ / parece que la representación gráfica a través de y represente una mediación para la forma del grafema escogido por Don Francisco.

Los otros quince grafemas que conseguí individuar pueden ser clasificados como derivados mediante dos dispositivos que se aplican tanto a la versión cursiva como a la de imprenta, mayúsculas o minúsculas, de grafemas de nuestro alfabeto: un dispositivo es la utilización de rayitas que cortan o sobresalen del grafema de referencia, otro es una proyección al revés, tanto en el eje vertical como en el horizontal, del grafema de referencia.

Son derivados mediante el primer dispositivo los grafemas para /i/, /u/, /dZ /, /a/ y /o/. Los primeros tres son caracterizados por una rayita que sobresale, en orden, de lado, abajo y arriba, en una forma cursiva de los grafemas correspondientes en nuestro alfabeto; algo parecido se puede decir para /o/, que tiene, pero, dos rayitas que sobresalen del grafema propio de nuestro alfabeto. Un poco distinto es el caso de /a/, que, a partir de la forma mayúscula del grafema latino, presenta en el alfabeto bocota además del corte horizontal uno también oblicuo. Algo parecido se puede decir de los grafemas para /t_/ (ch) y para /l/. Algunos de estos grafemas bocota recuerdan a adaptaciones grafémicas realizadas, a partir del alfabeto latino, para los alfabetos no cirílicos elaborados para algunas lenguas eslavas, como el checo y el polaco.

El grafema para /b/ resulta un poco inestable gráficamente: en algunos casos es cortado por una rayita que sobresale al lado derecho en un forma minúscula de imprenta, en otros no. El dispositivo de la rayita que sobresale está presente, de hecho, también en otros grafemas que, como comentaré a continuación, son derivados primariamente del segundo dispositivo.

A través de este último Don Francisco derivó los grafemas para /e/, /g/, /m/, /n/, /j/ y /d/. El primero resulta de una rotación doble, es decir, sobre los dos ejes de la forma minúscula del grafema latino; en algunas realizaciones de la hoja de que disponemos aparece una rayita que sobresale; del segundo grafema, para /g/, al quinto, para /j/, se puede comentar que son derivados de una rotación sobre el eje horizontal; por último el comentario sobre el grafema para /d/, porque en este caso tenemos sí una rotación, pero derivada de la forma mayúscula de imprenta de /t/, es decir, T.

Este último grafema nos lleva a comentar el grafema para /t/, que parece derivado de un dispositivo adicional: una especie de duplicación del grafema de referencia, en este caso, una /t/ mayúscula de prensa, a la que parece estar añadida una rayita en el lado bajo a la derecha. Después de esta presentación, podemos reflexionar, en base a los escasos datos de los cuales disponemos, sobre las condiciones del 'invento' de Don Francisco.

 

3. La innovación.                                                                                            inizio documento

Las reflexiones que desata la elaboración indígena de un sistema de escritura son muchas y algunas de éstas merecen ser expresadas, también si en forma muy sintética, para dar al trabajo de Don Francisco la importancia que merece.

Si nos limitamos a juzgar los aspectos fonemáticos y grafémicos de la 'invención' de Don Francisco, ésta no parece ser muy innovadora. Con todo, la dimensión innovadora reside en especial en la actitud lingüístico-comunicativa que él asumió elaborando un alfabeto para su propio idioma. Aquí no podemos dejar de establecer unas conexiones - si bien necesariamente arbitrarias - con otros ‘inventos' por parte de otros indígenas americanos de la época postcolonial, tales como el del Cherokee Sequoyah y el del Apache Silas John. En el primer caso se trataba, como sabemos, de un silabario, en el segundo de un sistema más complejo y de menor coherencia en la relación grafémica-fonémica. El alfabeto de Don Francisco es muy distante de este último en términos lingüísticos, sin embargo, si el establecer comparaciones entre distintas condiciones socio-históricas es lícito, éstas podrían intentarse precisamente entre estos dos casos mencionados, teniendo en cuenta la presencia de dos movimientos mesiánicos.1 Con relación a esta última dimensión, entre las escasas informaciones que Margery Peña nos proporciona, una (citada arriba) me parece particularmente relevante: Don Francisco elaboró su sistema grafémico "a partir de ciertas simbologías gráficas difundidas en chiriquí por el culto nativista guaymí denominado ‘Mama-chí'". Esta afirmación nos pone ante la búsqueda de indicios de continuidad.

 

4. ¿Rasgos de continuidad?                                                                            inizio documento

4.1. Distintos caminos.

Aquí tenemos que indicar distintos caminos de interpretación. En cuanto a la colocación histórica del los Ngobe-Buglé no podemos olvidar la probable si no segura presencia en su territorio - ocupado por ellos en los siglos que precedieron y siguieron a la llegada de los europeos - por una (¿o más?) colonias nahua. De los famosos mercantes nahua ellos habrían conocido también los libros y las pictografías. Laurencich Minelli (en este volumen) indica un nombre "guaymí para hacer referencia a ‘libro’ (tòro kuada "todo contiene")". La autora adscribe la presencia de esta expresión a la época prehispánica. Su argumento se fortalece con la individuación de unos clasificadores numerales utilizados para los tres primeros números, específicos para contar las páginas de un libro.

A este antecedente hipotético tenemos que añadir las ideas sobre la comunicación gráfica que, en los primeros siglos del contacto, llevaron algunos misioneros a representar en formas pictográficas algunos conceptos fundamentales de la religión cristiana, comunicando así catecismos elementales y oraciones. A estas tal vez se conecten las formas de notaciones chamánicas utilizadas entre los Kuna, que al comienzo del siglo llamaron la atención de Erland Nordenskiöld (1928: 30). En este caso es posible que se haya dado una consolidación de formas de pictografías pre- y postcolombinas.

 

4.2. La búsqueda de los 'jeroglíficos'.

Otro posible conexión e influencia - también si indirecta - sobre la 'invención' de Don Francisco se puede individuar en la búsqueda, por parte de distintos autores, de la asignación a los pueblos chibcha de Colombia de algún tipo de escritura entre el pictográfico y el jeroglífico, cuya existencia ha sido más deseada que demostrada. Los Bocota son, como todos sabemos, un pueblo perteneciente a la familia etno-lingüística chibcha. La 'añoranza' o el 'deseo' de una escritura chibcha debe ser leída en el contexto de una historia de las ideas sobre la escritura. Estas interpretaciones fueron motivadas por una fuerte voluntad de algunos intelectuales por demostrar la antigüedad de las tradiciones indígenas, relacionándolas, en algunos casos, con la interpretación de sus mitologías en perspectiva religiosa. Estas interpretaciones las 'merecían' por cierto los Muisca. Tal vez fue la obra del canónigo José Domingo Duquesne de la Madrid la que, dejándose influenciar por las ideas de los siglos xvii y xviii sobre el uso de distintas formas de escritura y de registro gráfico de conceptos por parte de indígenas americanos, abrió estas interpretaciones. Este canónigo investigador 'descubrió' en Gachancipá, lugar donde residía, un 'calendario de los Muisca' esculpido en piedra, sobre el cual, en 1795, publicó una Disertación dedicada a Mutis. En esta publicación se encuentran reunidos otros escritos del mismo Duquesne sobre los "geroglíficos" [sic] y sobre los "símbolos del signo o calendario [...] de los moscos". Alexander von Humboldt, en su Sitios de las cordilleras de América, incluyó un capítulo dedicado a los Monumentos de los indios muiscas, para cuya redacción utilizó la obra de Duquesne de quien reprodujo los símbolos del 'calendario lunar'. Casi un siglo después de la publicación de la obra del canónigo, ya en una perspectiva de crítica positivista de las ideas de los siglos xvii y xviii, Vicente Restrepo criticó duramente aquella obra, escribiendo que el canónigo había tenido "un siglo de celebridad no merecida" por haber "atribuido" a los Chibcha "uso de los quipos, de los jeroglíficos, de cifras numerales, de un complicado calendario en el que se enlazan tres años diversos de doce, veinte y treinta y siete meses lunares". Como el mismo Restrepo anotaba: "Duquesne fundó una escuela; ésta ha usado un método que puede llamarse inventivo, pues los que lo siguen resuelven con la imaginación todas las dificultades que se les presentan".2      Entre estos seguidores 'inventores' del canónigo tenemos que mencionar, en un caso por una razón que veremos, los escritos de Miguel Triana (1920a,b,c) y de Darío Rozo (1938).3                    Los primeros dos autores, que cito en base a las referencias que a ellos hace Ortega Ricaurte (1978), se empeñaron en interpretar, de forma ingenua, unos petroglifos. El segundo, analizando los petroglifos de unos sitios, llegó a 'identificar' una serie de símbolos cuya 'lectura' propuesta por el autor los coloca entre valores silábicos y logográficos, como se puede ver de los ejemplos que siguen, supuestamente 'interpretados' por Rozo de un petroglifo en la hacienda Sevilla :

Figura 2

Si comentamos algunos aspectos de estos símbolos reconocemos principios ya individuados arriba en el análisis de los grafemas de Don Francisco: por ejemplo, 1) y 6) se distinguen por la rayita que corta el segundo en su base; también 10) es cortado por una rayita en su base; en 2) reconocemos la presencia de un principio parecido al de la rotación sobre un eje vertical, con relación al valor de los grafemas en nuestro alfabeto en forma mayúscula de prensa, principio que identificamos entre los que permitieron a Don Francisco elaborar su alfabeto; también entre 3) y 6) reconocemos una relación de rotación sobre un eje horizontal; entre 9) y 10) hay una rotación sobre un eje vertical; entre 5) y 8) otra rotación y, finalmente, entre 7) y 9) hay una relación de semejanza, teniendo en cuenta la proximidad de los sonidos que pretenden ser representados por los dos símbolos.

La misma Carmen Ortega Ricaurte, estudiosa colombiana, asume, en el libro citado (1978), una actitud abierta hacia la posibilidad de que los Chibcha hubieran elaborado alguna forma de registro gráfico de conceptos: "no es absurda la idea de tratar de desentrañar el misterio de los grafismos precolombinos que se han encontrado en varias piedras de nuestro territorio, pues, aunque toscos, son realmente formas elementales de escritura que llevan una intención evidente de transmitir algo, sólo que hasta el momento no se han podido descifrar convenientemente" (pág. 241). La misma autora menciona "signos que presentan algún parecido con letras antiguas, que algunos han querido interpretar como grafías chinas, hebreas, griegas o cuneiformes, sin que hasta el momento se hayan podido descifrar adecuadamente" (pág. 242). Aun viendo estas elucubraciones con escepticismo, no podemos excluir la posibilidad de que algunos pueblos de la familia etno-lingüística chibcha, así como otros pueblos americanos, hubieran elaborado formas de manifestación gráfica abstracta, de los cuales podemos aún hallar rastros en otras partes de América, conectadas con segmentos discursivos, más que con referentes aislados (Gnerre en prensa). En general me parece difícil admitir la presencia de símbolos con valor fonético silábico.

Pero la dimensión que nos interesa aquí, más que una efectiva presencia de una escritura fonético-silábica indígena, es la historia de esta idea y de su posible difusión también fuera de los ambientes cultos. La referencia que hace Margery Peña a "ciertas simbologías gráficas difundidas en chiriquí por el culto nativista guaymí denominado ‘Mama-chi’ en el curso de los años sesenta" podría representar muy bien un enlace para la posibilidad de esta difusión. No tengo más datos al momento para poder continuar más allá con estas reflexiones.

No es el caso, me parece, de analizar el 'invento' de Don Francisco fuera de una perspectiva de ideología del lenguaje. En este contexto podríamos reflexionar sobre una ideología de la lengua escrita y el efecto del movimiento de Mama-chi sobre ésta.

 

5. Algunas reflexiones conclusivas.                                                                        inizio documento

No creo entonces que el alfabeto de Don Francisco haya surgido como una manifestación totalmente foránea a su ambiente histórico-cultural. No sabemos, por ahora, en que relación se coloca con esta tradición; por ejemplo, no sabemos si él tuvo acceso, aunque sea indirectamente, a algunas ideas que circularon en distintos momentos de su historia reciente entre los Ngobe y los Bocota, tales como a las que se refiere Laurencich Minelli (en este volumen). En este contexto es posible que Don Francisco haya elaborado su alfabeto como destinado a la escritura de relatos reservados a la fruición de su propia gente. Si así fue, desde la publicación de 1994 en que nos basamos, no la tiene más.

La escritura no existe en abstracto, sino en su realización en textos públicos/privados que tienen un contenido escogido por el que los escribió. Según nos informa Margery Peña, la circulación de los escritos redactados con el alfabeto de Don Francisco es muy limitada y probablemente no haya encontrado difusión más allá de un círculo de personas muy bien identificadas, en términos confesionales y de parentesco. Aquí se pone, como es obvio, la cuestión del significado cultural y de identidad que este alfabeto implica.

Una pregunta para la cual al momento no tengo respuesta es: ¿cuáles conocimientos fueron fijados a través de este alfabeto?

Un dato que puede resultar útil tener en cuenta es que nuestro relato es el más breve de los veintiuno publicados por Margery Peña, constituido solamente por catorce enunciados (más el título). Los otros quizás hayan sido relatos orales, grabados y transcritos por el autor (un punto que no es claro en la publicación en la que nos basamos). Esto nos indica algo sobre la posibilidad de que la escritura permite 'comprimir' lo que en la oralidad es mucho más extenso. El análisis textual nos revelaría posiblemente lo que el autor no nos revela.

No es casual, tal vez, que Don Francisco haya escrito en su alfabeto el relato al cual me referí al inicio. Es un relato de contenido 'conclusivo', de aspecto 'completivo' para utilizar una metáfora lingüística que Margery Peña coloca con razón casi al final de la colección de 'mitos' (págs. 163-165). En ello el héroe Chubé comunica a la tierra que su obra creadora estaba concluida y le pregunta qué va a hacer ella desde aquel momento en adelante. Contesta la tierra: "Yo cuidaré las cosas y daré alimentos para todos […] Y cuando los seres mueran sus restos se quedarán conmigo; ellos me renovarán y me darán cada día más fuerza. Pero en mí quedarán sus restos […]"

Si en lugar de la tierra hubiera sido la escritura a contestar a Chubé, ésta se hubiera expresado tal vez con las mismas palabras.

Figura 3

 

bibliografia                                                                                                                            inizio documento

Basso, K. H. y N. Anderson (1977), A Western Apache writing system: the symbols of Silas John, en M.Sanches y B Blount. (orgs.), Sociocultural dimensions of language change, Academic Press, New York, págs. 227-52.

Brinton, D. (1891), The American race: A linguistic classification and ethnographic description of the native tribes of North and South America, David McKay Publisher, Philadelphia.

Cardona, G. R. (1987), Antropologia della scrittura, Loescher, Torino.

Duquesne, J. D. de la Madrid (1795), Disertación sobre el Calendario de los Muyscas Indios naturales de este Nuevo Reino de Granada.

Gnerre, M. (en prensa), Ephemeral Graphisms, en P.Coppock (org.), The semiotics of writing, Semiotic and Cognitive Studies, Brepols.

Laurencich Minelli, L., en este volumen, Razgos mesoamericanos entre los Guaymí [original en italiano en Archivio per l'Antropologia e la Etnologia 108, 1978, págs. 189-204].

Margery Peña, E. (1994), Mitologia de los Bocota de Chiriqui, Ediciones Abya-Yala, Quito.

Nordenskiöld, E. (1928-30), Picture-writing and other documents by nele Paramount chief of the Cuna Indians and Rubén Pérez kantule, his secretary, Comparative Ethnographic Studies, Ethnologiska Muset, Göteborg.

Ortega Ricaurte, C. (1978), Los estudios sobre lenguas indígenas de Colombia. Notas históricas y bibliografia, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá.

Restrepo, V. (1892), Crítica de los trabajos arqueológicos del doctor José Domingo Duquesne, Bogotá.

Restrepo, V. (1895), Los Chibchas antes de la Conquista Española, Imprenta de la Luz, Bogotá.

Rozo, M.D. (1938), Mitología y escritura de los Chibchas, Eco Rotario, 30.6, págs. 37-33, reproducido en Registro Municipal, Ediciones del Concejo, Bogotá, págs. 13-33.

Triana, M. (1920a), Los Chibchas sabían escribir, El Gráfico 9, págs. 266.

Triana, M. (1920b), La base del geroglífico [sic] chibcha, El Gráfico 9, págs. 334-335.

Triana, M. (1920c), La escritura de los Chibchas, El Gráfico 9, págs. 443.

 

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* Profesor de Etnolingüística del Istituto Universitario Orientale de Nápoles, Italia.

 

 

 

  1. Sobre el sistema de escritura del Apache Silas John y el movimiento mesiánico que él lideró véase Basso y Anderson (1977).

  2. Las dos citas de Restrepo son tomadas de Ortega Ricaurte (1978: 111-112). En los mismos años Daniel Brinton (1891) escribía palabras parecidas en su famosa obra The American Race.

  3. Otro caso dentro de la misma tradición estaría representado por las piedras 'halladas' en la sabana de Bogotá alrededor de 1963 por Jaime Gutierrez Lega.